SOBRE A PSICOLOGIA TRADICIONAL E HINDU, OU MELHOR PNEUMATOLOGIA (cont.)
DAIMON
Todo este problema puede formularse también en los términos del dominio del Fatum y la transcendencia de la Necesidad. Aquí debemos volver a lo que se ha dicho más atrás concerniente a los Siete Rsis; pues la concepción de nuestra constitución y consecuente Destino, que estaba implícita allí, no es en modo alguno únicamente india sino, por ejemplo, idéntica a la doctrina platónica expresada por Hermes Trismegisto (Lib. I.9.16, XVI.13 sig, Excerpt XII, y en otras partes). Aquí la Mente creativa solar (demiourgos) «hizo de Fuego y de Espíritu Siete Gobernadores, que envuelven en sus órbitas el universo sensible, y su Gobierno (gr. dioikesis, literalmente cuidado doméstico, economía) se llama «Destino» (heimarmene)». Estos Gobernadores son los Siete Planetas (gr. astera, estrellas, luces) y actúan sobre nosotros, o más bien en nosotros, a través de los correspondientes Daimones1 que se hacen cargo de nosotros al nacimiento, entrando en las dos partes irracionales del alma y penetrando el cuerpo, donde, asentados en sus vasos2 , tiran de nosotros hacia sí mismos (anthelkousi ... eis eautos), gobernando así nuestra vida terrenal, usando nuestros cuerpos como sus instrumentos. La mayor parte de nosotros somos conducidos y arrastrados por estos Daimones, debido a nuestro gusto de las actividades en las que, como dice Hermes, consiste su ser. Pero «ni los dioses (los anteriormente dichos Siete Gobernadores Planetarios) ni los Daimones tienen ningún poder contra el Rayo de Luz Único que es el de Dios»3 y «hay unos pocos4 , en la Parte Racional5 de cuya alma, brilla este Rayo que viene de Dios por la vía del Sol (la anteriormente dicha Mente Creativa)», y en éstos la operación de los Daimones (es decir, los impulsos de los poderes sensitivos en persecución de sus objetos naturales) se reduce a nada. Y así Dios gobierna a los dioses, y ellos a los Daimones, sus representantes en nosotros; él opera a través de ambos, y hace así todas las cosas para sí mismo; y todas las cosas son miembros (mória)6 de sí mismo.
NOTAS
De hecho, nuestro tratamiento de la psicología india como una bhuta-vidya equivale a tratarla como una «demonología». Por supuesto, debemos despojarnos de las connotaciones peyorativas con las que el cristianismo ha investido a la palabra «daimon», la cual, como su equivalente indio, yaksa y bhuta, se refiere a Dios o a seres de origen divino, aunque pueden ser buenos (obedientes) o malos (desobedientes). La demonología tradicional es a la vez una angelología y una psicología. Hoy en día nosotros consideramos todas estas cosas como «supersticiones», y ciertamente son tales, en el sentido literal de «supervivencias»; pero el que ahora llamemos a los demonios dentro de nosotros «instintos», no cambia nada en la naturaleza de las «pasiones dominantes», a las que nosotros estamos sometidos, hasta que hemos aprendido a dominarlas y a usarlas por nosotros mismos. Un instinto es un impulso (instinguere, instigación), y nosotros todavía hablamos acertadamente de nuestros instintos como tendencias (a causa de que tiran de nosotros) y del pensamiento tenido de deseo como tendencioso. La psicología es fundamentalmente una patología, como anuncia el "pathe en emin" de Platón, y «toda pasión es una posesión epiléptica» (epilepton, ser cautivado, ser hecho preso), Filón, Legum allegoriae IV.79. «Comportarse» según nuestros gustos y disgustos no es una libertad, ni un acto, sino una esclavitud y una pasión. La enfermedad del alma es su propia auto-volición. Sea cual sea el nombre con el que llamemos a los «caballos» el problema permanece el mismo, conducirlos o ser conducido por ellos. No podemos tratar aquí la etimología de «daimon», pero queremos relacionarla con la √ sánscrita day o da y con daitya y danava; y probablemente es significativo que se diga que Indra vence a los Daityas y Danavas en siete grupos de siete en sus respectivas estaciones (yathasthanam, Brhad Devata VII.51, 52), lo cual parece referirse a una «victoria sobre los poderes de percepción y de acción»; y a esto, en Arthasastra I.6, se le llama «toda la ciencia del gobierno».